Por Antonio Luis Asencio Dieguez
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6 de enero de 2026
Continuando con el último artículo del blog, llevamos el Do a la formación como integración. Cuando hablo de formarse en Reiki, no lo hago desde la idea de aprender una técnica ni de avanzar por una serie de niveles. Lo hago desde la experiencia. Para mí, Reiki es un Do, un Camino, y eso cambia por completo la manera de entenderlo y de vivirlo. A lo largo de los años he visto a muchas personas acercarse a Reiki con curiosidad, con necesidad o con ilusión. Algunas comienzan el camino, pero no todas permanecen. Y lo entiendo. Reiki, cuando se vive de verdad, exige compromiso, honestidad y una disposición sincera a mirarse por dentro. No siempre es cómodo. Cuando en Oriente se habla de Do, se habla de una forma de vida. El Bushido, el Tao o el Dharma no son sistemas de conocimiento, sino caminos de transformación. No buscan acumular información, sino soltar lo que sobra: calmar la mente, ordenar el corazón y ampliar la conciencia. Desde ese lugar entiendo yo el Reiki. El Reiki japonés original nació con este espíritu. No como una terapia rápida ni como un conjunto de técnicas que se aplican de forma mecánica, sino como una práctica sencilla y profunda, orientada al crecimiento interior. Con el tiempo, y especialmente con su llegada a Occidente, Reiki fue adoptando una forma más estructurada y terapéutica dejando de lado buena parte del trabajo personal. Ese enfoque, el llamado Reiki occidental, es útil y accesible, y yo mismo lo valoro como parte del proceso. Sin embargo, cuando el trabajo personal se vuelve una prioridad, suele quedarse corto. Por eso, en mi práctica y en mi forma de enseñar, el centro no es la técnica, sino el proceso interior. En el Komyo Reiki D o, la práctica diaria, la actitud y el desarrollo de la conciencia son esenciales. Sin ese trabajo personal, Reiki pierde profundidad y sentido. Mi formación integra distintas influencias que, lejos de contradecirse, se complementan: el Reiki japonés tradicional (Komyo Reiki Do ) como base del Camino, el Reiki tibetano por su valor terapéutico, y aportes del Qigong, el Taoísmo y el Budismo esotérico japonés, que amplían la comprensión energética y espiritual del ser humano. Todo ello se sostiene desde una mirada ética y profesional, en constante actualización alineada con la Federación Europea de Reiki Profesional. Recorrer el Do a través del Reiki implica, al menos para mí, dejar de buscar soluciones rápidas y atreverse a vivir con mayor coherencia. No hay atajos reales. El Camino se transita paso a paso, integrando la práctica en la vida cotidiana. El trabajo por niveles es todo un proceso: En Shoden , el primer nivel, el trabajo se centra en el cuerpo físico y en la estructura energética. Es una etapa de alivio, de desbloqueo y de toma de contacto. Aquí comienza, de verdad, el trabajo personal. En Chuden , el foco se desplaza hacia el plano emocional y mental. Empiezan a hacerse visibles los patrones internos y la forma en que las emociones no resueltas afectan al cuerpo y a la energía. Esta etapa suele ser reveladora y, en ocasiones, confrontadora. También es profundamente transformadora. Okuden representa el trabajo interior profundo. Aquí el concepto de karma deja de ser algo abstracto y se vuelve experiencia directa. Comprender cómo nuestros pensamientos, palabras y acciones generan consecuencias reales cambia la manera de vivir. Este nivel suele marcar un antes y un después en el camino personal y espiritual. Con el tiempo comprendí que el crecimiento personal, aunque fundamental, no es lo mismo que el ejercicio profesional. Por eso, la formación como Terapeuta Profesional de Reiki requiere un recorrido específico, más largo y más exigente. En él se integran presencia terapéutica, ética, trabajo personal avanzado y práctica clínica responsable. Solo desde ahí considero coherente ofrecer Reiki de forma profesional. La Maestría Reiki (Shinpiden) ocupa un lugar muy distinto. No la entiendo como un título ni como un objetivo, sino como una consecuencia natural de haber caminado durante años. No es un curso rápido ni una sintonización puntual. Es una responsabilidad profunda que solo tiene sentido cuando el Camino ya ha sido vivido e integrado. Este no es un camino de prisas ni de misticismos vacíos. Reiki no necesita ser idealizado. Se muestra tal como es, con sus luces y sus sombras. Y precisamente por eso transforma. A día de hoy, no me considero “maestro de Reiki” en un sentido grandilocuente. Me considero un practicante que sigue caminando. Si algo he aprendido es que el verdadero aprendizaje no está en enseñar Reiki, sino en vivirlo. Si en algún momento decides recorrer este Camino, y sientes que mi forma de entenderlo resuena contigo, será un honor acompañarte. ________________________________________ A.Luis Asencio Maestro de Reiki Usui Tibetano, Usui Tradicional Japonés-Komyo Reiki-do, Karuna Reiki y Sekhem Seichim Reiki (Reiki Egipcio). Terapeuta profesional de Reiki. Este texto nace de la práctica personal, la experiencia continuada y la enseñanza del Reiki-Do a lo largo de los años. No responde a un discurso teórico, sino a un camino vivido.