Reiki-Do, una vía de crecimiento
Se inicia una nueva andadura...

Muchos de los que me conocen además de mis alumnos quizás se sorprendan de este giro de enfoque que estoy realizando en mis formaciones de reiki. No se trata de un cambio sino de una evolución consciente a través de estos más de 20 años de trabajo con terapias energéticas y reiki.
Nunca he sido una persona conformista y todo aquello que he compartido ha sido integrado y practicado previamente en mi día a día y en las terapias que he impartido. Cuando hice mi primera formación en reiki hace ya muchos años, tuve la fortuna de dar con una maestra que sentó en mí las bases de una formación práctica, que no solo bebía de la tradición occidental sino que contemplaba conceptos básicos de la energía, muchos de ellos provenientes de la medicina tradicional China.
Tras realizar con ella mi primera maestría, pasaron varios años de integración y prácticas antes de decidirme a ejercer como maestro; antes de transmitir un conocimiento hay que experimentarlo y hacer que forme parte de uno. Aun así y en mi afán de aprender e investigar más sobre reiki, me formé con lo que entonces era el sistema más extendido en reiki: el sistema Usui Tibetano. Siempre seleccionando con cuidado los maestros con los que me formaba. Con esta segunda maestría comenzó mi andadura como formador en reiki, siempre con un enfoque práctico y experiencial; para mí era muy importante que el alumno tuviera claro qué era la energía reiki, fuera de misticismos y definiciones que más que ayudar confundían a los practicantes. Como integré mi primera formación, para mí la energía reiki era energía pura en su máximo nivel vibracional y sin polaridad. Mucho más allá de definiciones románticas o metafóricas como la energía del amor, o la del universo, que en nuestro plano sería hablar de energía Yang o de polaridad masculina. Definiciones que a la hora de dar una explicación coherente sobre la energía, confunden y le dan un aire esotérico o místico.
Con el tiempo y con la necesidad de profundizar más, me formé hasta el nivel de maestría en Karuna Reiki y Reiki Egipcio añadiendo nuevas herramientas de trabajo a mis conocimientos en el campo del reiki. Y como habían pasado ya varios años de mi maestría en Reiki Tibetano, quise repetirla con ánimo de ver cómo habían evolucionado las enseñanzas. Para mi sorpresa, comprobé que la evolución había sido mínima y que simplemente habían combinado otras técnicas que nada tienen que ver con reiki para enriquecer a este.
Aun así continué mi formación y tras valorar varias opciones me formé durante varios meses como Terapeuta Profesional, a través de la Federación Española de Reiki. Una formación intensa que contenía mucha materia complementaria que podía apoyarme en el trabajo terapéutico pero que no aportaban nada nuevo en el trabajo con la energía.
Este último año y medio y aprovechando la situación de confinamiento, decidí buscar a través del reiki tradicional japonés, y tras valorar diversas opciones me decanté por formarme con la Federación Europea de Reiki y el maestro Víctor Fernández; ellos me ofrecían una formación completa como terapeuta, trabajando en los 3 primeros niveles con las bases tanto del reiki occidental como de los distintos sistemas tradicionales japoneses; además con el refuerzo de técnicas complementarias de trabajo con energía a través del Qi gong y otros medios.
Para mi sorpresa me encontré con una formación que hacía hincapié en el trabajo personal con la energía, apoyado en los conocimientos de la medicina tradicional China y de otras fuentes de las que bebió el maestro Usui. Además ahora le pude dar un nombre e identificar la energía reiki de una manera concisa y veraz, Energía del Vacío.
Además de esto, con nuevo enfoque mucho más coherente sobre el uso y función de los símbolos en reiki. Yo durante años en mis formaciones cuando algunos alumnos me preguntaban al aprender el uso de los símbolos sí siempre había que utilizarlos o trazarlos en las sesiones y terapias, en mi entendimiento de entonces les indicaba que por la experiencia a menudo simplemente era necesario poner la intención en la energía y se conseguiría el mismo resultado; conclusión obtenida de la propia experiencia. Con esta nueva formación descubrí que no iba mal encaminado, y que la función original de los símbolos era muy distinta al uso que se le daba en occidente.
Finalice la formación nueva de terapeuta con los 3 primeros niveles y opté por continuarla realizando la maestría. Lo mejor de la formación es que es experiencial, práctica y lejos de misticismos y adornos. Su peso radica en el trabajo y entrenamiento personal, y la coherencia en sus conceptos y preceptos; bebiendo siempre de fuentes que lo enriquecen y complementan de una forma congruente y respetuosa con el sistema.
Este es el giro que quiero ahora compartir a través de las formaciones que pueda impartir y a través de las terapias; un enfoque tradicional pero moderno, lejos de misticismos, anclajes y dependencias. Una vía de auténtico crecimiento personal y espiritual, todo ello con el aval y seriedad que proporciona la Federación Europea de Reiki Profesional y su presidente y fundador, Víctor Fernández.
Mi intención es seguir creciendo, siempre a través del trabajo y la experiencia y compartir todo ello con aquellos que estén dispuestos a trabajar y crecer tanto a nivel personal como espiritual, de forma veraz y sin adornos añadidos.
Por eso ahora invito aquellos que me conocen y a los que aunque no o sea así, haya despertado su curiosidad a seguirme en este camino, ya sea para uso personal y cómo sistema de crecimiento personal o para obtener una formación seria y potente como terapeuta profesional.
Reiki no es un curso de fin de semana que nos vaya a cambiar la vida; supone un sistema de trabajo y entrenamiento de por vida, y una vía para alcanzar la felicidad. Siempre trabajando y siempre aprendiendo. Siempre avanzando en el Reiki-Do.











