5 señales de que tus emociones se están reflejando en tu cuerpo (y cómo el Reiki puede ayudarte a equilibrarte)

Antonio Luis Asencio Dieguez • 10 de febrero de 2026

5 señales de que tus emociones se están reflejando en tu cuerpo (y cómo el Reiki puede ayudarte a equilibrarte)


¿Te ha pasado que, antes de un momento importante, sientes la garganta cerrada? ¿O que ese dolor en la espalda aparece justo cuando todo se te junta? No es coincidencia.
En
La Vía Reiki vemos algo todos los días: cuando las emociones no se expresan, el cuerpo termina haciéndolo por nosotros.

Muchas veces seguimos con la rutina, minimizando lo que sentimos, hasta que el cuerpo ya no aguanta más. El estrés, la ansiedad o la tristeza no se van solos; cuando no se atienden, se quedan guardados en nuestra energía y poco a poco empiezan a manifestarse físicamente.

Estas son 5 señales claras de que tus emociones necesitan atención… y cómo el Reiki puede ser un gran apoyo para recuperar el equilibrio.

 


1. Molestias en el estómago que van y vienen

El área digestiva es muy sensible a lo que sentimos. La preocupación constante, el miedo o la inseguridad suelen acumularse en el plexo solar.
Si notas inflamación, pesadez o malestar sin una causa médica clara, es posible que estés cargando una situación emocional difícil de “procesar”.

 


2. Rigidez en cuello y hombros

Esa sensación de traer todo encima no es solo una frase. El exceso de responsabilidades, la autoexigencia y la necesidad de tener todo bajo control suelen reflejarse como tensión en la parte alta de la espalda.
El cuerpo se endurece cuando no nos permitimos soltar.

 


3. Problemas para dormir o mente acelerada

Cuando te acuestas cansado pero la cabeza no se calla, algo está desequilibrado. La acumulación de pensamientos, preocupaciones y escenarios futuros bloquea el descanso profundo.
El cuerpo quiere dormir, pero la energía mental sigue en alerta.

 


4. Presión o incomodidad en el pecho

Las emociones no expresadas, especialmente la tristeza o la falta de conexión emocional, suelen sentirse en el centro del pecho.
Es esa sensación de opresión o vacío que aparece cuando nos alejamos de lo que sentimos o de quienes somos realmente.

 


5. Cansancio constante, incluso después de dormir

Dormir no siempre es sinónimo de descansar. Cuando el agotamiento es emocional, la energía vital se drena rápidamente.
Levantarte sin ánimo puede ser una señal de que tu sistema energético está desbalanceado.


¿Cómo puede ayudarte el Reiki?

El Reiki no trabaja únicamente sobre el síntoma físico. Su enfoque es integral: cuerpo, mente y energía.

Durante una sesión en La Vía Reiki, la energía fluye de forma suave pero profunda para:

  • Disolver los bloqueos de energía que se van acumulando por emociones no expresadas.
  • Calmar la mente y relajar el cuerpo, llevándote a un estado de descanso profundo.
  • Aliviar el estrés y la tensión, tanto física como mental, que se genera en el día a día.
  • Mejorar la claridad mental y el enfoque, ayudándote a tomar decisiones desde la calma.
  • Acompañarte en momentos difíciles, cuando sientes que todo te sobrepasa.
  • Favorecer el bienestar emocional, físico y mental, devolviendo la sensación de equilibrio.
  • Apoyar el sistema inmunológico, al reducir el desgaste energético provocado por el estrés.
  • Impulsar el crecimiento espiritual, reconectándote contigo y con lo que realmente necesitas.


Más que una técnica de relajación, el Reiki es un espacio para escucharte, soltar lo que pesa y recuperar la ilusión y la vitalidad que a veces se van perdiendo con el ritmo diario.

En La Vía Reiki, no solo buscamos aliviar molestias: te acompañamos para que tu cuerpo, tu mente y tu energía vuelvan a estar en armonía.

Si te reconoces en alguna de estas señales, no esperes a que el cansancio se vuelva parte de tu día a día.
Estamos aquí para acompañarte en ese primer paso hacia tu bienestar.



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Por Antonio Luis Asencio Dieguez 4 de febrero de 2026
Reiki japonés, tibetano occidental: qué aporta cada enfoque y por qué integrarlos desde el Camino Reiki no es solo una técnica energética. Reiki es un Do: un Camino de transformación interior que se transita paso a paso, con práctica, silencio y honestidad. Cuando esto se olvida, el Reiki se vuelve superficial; cuando se recuerda, se convierte en una Vía viva que nos devuelve al centro. Hoy conviven distintos enfoques de Reiki —japonés, tibetano occidental y otras muchas derivaciones— y comprender qué aporta cada uno no es solo una cuestión histórica. Es una clave para reconocer qué tipo de experiencia estamos viviendo y hasta dónde estamos dispuestos a profundizar. Reiki Usui tibetano: estructura, orden y primer acercamiento El Reiki que llegó a Occidente lo hizo de manera clara, estructurada y accesible. Basado en el linaje transmitido por Hawayo Takata, permitió que miles de personas entraran en contacto con la energía Reiki por primera vez. Su fuerza está en la simplicidad: Protocolos definidos Posiciones de manos claras Aplicación terapéutica directa Es un Reiki que acompaña, alivia y armoniza, especialmente en las primeras etapas. El punto débil aparece cuando este enfoque se vuelve exclusivo: el trabajo interior queda en segundo plano. La energía se mueve, sí, pero la conciencia no siempre acompaña. La técnica funciona, pero el Camino no necesariamente se recorre. Reiki japonés: volver al origen, volver a uno mismo El Reiki nacido en Japón con Mikao Usui no fue concebido como una terapia, sino como una Vía de realización personal. Está profundamente influido por el budismo esotérico japonés, el taoísmo, el Shugendō y la disciplina de las artes marciales. En el Reiki japonés —y especialmente en el Komyo Reiki Do— la práctica no busca resultados externos. Busca claridad interior. La sanación no es la meta, sino una consecuencia natural de una mente serena y un corazón alineado. Aquí el practicante aprende a: Estar verdaderamente presente Observar la mente sin juicio Practicar con humildad y constancia Vivir los Preceptos, no solo repetirlos El Reiki deja de ser algo que se “aplica” y pasa a ser algo que se vive. El verdadero tratamiento ocurre en lo cotidiano: en cómo pensamos, sentimos, hablamos y actuamos. Reiki como Do: caminar por niveles, madurar el proceso Como toda Vía auténtica, el Reiki se recorre por etapas. No por acumulación de técnicas, sino por maduración interna. Shoden abre el Camino: el cuerpo se armoniza y la práctica se vuelve constante. Chuden profundiza: emociones y patrones mentales salen a la luz y comienzan a comprenderse. Okuden transforma: se trabaja el karma personal, la responsabilidad y la toma de conciencia profunda. Estos niveles no solo permiten acompañar a otros, sino que preparan algo más esencial: convertirse en una persona más consciente. Cuando el Reiki se vuelve profesional: presencia y responsabilidad Acompañar a otros desde el Reiki no es un derecho automático por recibir una sintonización. Es una responsabilidad que nace del trabajo personal recorrido. Por eso, en la formación de Terapeuta Profesional de Reiki —tal como la entiende la Federación Europea de Reiki Profesional— los niveles no se repiten: se profundizan. El foco deja de estar en la técnica y pasa al estado interno del terapeuta. Un terapeuta no transmite energía, transmite presencia. Y esa presencia solo se cultiva con práctica honesta y sostenida. Integrar Oriente y Occidente: tradición viva, práctica consciente Nuestro enfoque no elige entre Reiki japonés u occidental. Integra. Integra la claridad terapéutica del Reiki tibetano. Integra la profundidad espiritual del Reiki japonés. Integra la sabiduría del Qi Gong, el taoísmo y el budismo esotérico japonés. Todo desde una visión ética, profesional y actual, como promueve la Federación Europea de Reiki Profesional: cuidar la esencia sin dogmatismos, evolucionar sin perder la raíz y formar personas, no solo practicantes. Un Reiki sin idealizaciones, con verdad El Camino del Reiki no promete una vida sin dificultades. Promete algo más valioso: claridad para atravesarlas. Nos confronta con nuestras sombras, con el ego espiritual y con las trampas de la mente… y nos invita a ir más allá. Cuando el Reiki se vive como Do, la técnica pasa a segundo plano. La vida misma se vuelve la práctica. Una invitación a caminar Si sientes que el Reiki es algo más que una terapia, si intuyes que hay un Camino de crecimiento personal queriendo desplegarse en ti, si buscas una formación profunda, ética y con acompañamiento real… Te invito a conocer nuestras formaciones de Reiki, tanto para el crecimiento personal como para la formación profesional, alineadas con la tradición, la experiencia y el enfoque de la Federación Europea de Reiki Profesional. Aquí no enseñamos a “hacer Reiki”. Acompañamos a recorrer el Camino. Será un honor caminar contigo.
Por Antonio Luis Asencio Dieguez 6 de enero de 2026
Continuando con el último artículo del blog, llevamos el Do a la formación como integración. Cuando hablo de formarse en Reiki, no lo hago desde la idea de aprender una técnica ni de avanzar por una serie de niveles. Lo hago desde la experiencia. Para mí, Reiki es un Do, un Camino, y eso cambia por completo la manera de entenderlo y de vivirlo. A lo largo de los años he visto a muchas personas acercarse a Reiki con curiosidad, con necesidad o con ilusión. Algunas comienzan el camino, pero no todas permanecen. Y lo entiendo. Reiki, cuando se vive de verdad, exige compromiso, honestidad y una disposición sincera a mirarse por dentro. No siempre es cómodo. Cuando en Oriente se habla de Do, se habla de una forma de vida. El Bushido, el Tao o el Dharma no son sistemas de conocimiento, sino caminos de transformación. No buscan acumular información, sino soltar lo que sobra: calmar la mente, ordenar el corazón y ampliar la conciencia. Desde ese lugar entiendo yo el Reiki. El Reiki japonés original nació con este espíritu. No como una terapia rápida ni como un conjunto de técnicas que se aplican de forma mecánica, sino como una práctica sencilla y profunda, orientada al crecimiento interior. Con el tiempo, y especialmente con su llegada a Occidente, Reiki fue adoptando una forma más estructurada y terapéutica dejando de lado buena parte del trabajo personal. Ese enfoque, el llamado Reiki occidental, es útil y accesible, y yo mismo lo valoro como parte del proceso. Sin embargo, cuando el trabajo personal se vuelve una prioridad, suele quedarse corto. Por eso, en mi práctica y en mi forma de enseñar, el centro no es la técnica, sino el proceso interior. En el Komyo Reiki D o, la práctica diaria, la actitud y el desarrollo de la conciencia son esenciales. Sin ese trabajo personal, Reiki pierde profundidad y sentido. Mi formación integra distintas influencias que, lejos de contradecirse, se complementan: el Reiki japonés tradicional (Komyo Reiki Do ) como base del Camino, el Reiki tibetano por su valor terapéutico, y aportes del Qigong, el Taoísmo y el Budismo esotérico japonés, que amplían la comprensión energética y espiritual del ser humano. Todo ello se sostiene desde una mirada ética y profesional, en constante actualización alineada con la Federación Europea de Reiki Profesional. Recorrer el Do a través del Reiki implica, al menos para mí, dejar de buscar soluciones rápidas y atreverse a vivir con mayor coherencia. No hay atajos reales. El Camino se transita paso a paso, integrando la práctica en la vida cotidiana. El trabajo por niveles es todo un proceso: En Shoden , el primer nivel, el trabajo se centra en el cuerpo físico y en la estructura energética. Es una etapa de alivio, de desbloqueo y de toma de contacto. Aquí comienza, de verdad, el trabajo personal. En Chuden , el foco se desplaza hacia el plano emocional y mental. Empiezan a hacerse visibles los patrones internos y la forma en que las emociones no resueltas afectan al cuerpo y a la energía. Esta etapa suele ser reveladora y, en ocasiones, confrontadora. También es profundamente transformadora. Okuden representa el trabajo interior profundo. Aquí el concepto de karma deja de ser algo abstracto y se vuelve experiencia directa. Comprender cómo nuestros pensamientos, palabras y acciones generan consecuencias reales cambia la manera de vivir. Este nivel suele marcar un antes y un después en el camino personal y espiritual. Con el tiempo comprendí que el crecimiento personal, aunque fundamental, no es lo mismo que el ejercicio profesional. Por eso, la formación como Terapeuta Profesional de Reiki requiere un recorrido específico, más largo y más exigente. En él se integran presencia terapéutica, ética, trabajo personal avanzado y práctica clínica responsable. Solo desde ahí considero coherente ofrecer Reiki de forma profesional. La Maestría Reiki (Shinpiden) ocupa un lugar muy distinto. No la entiendo como un título ni como un objetivo, sino como una consecuencia natural de haber caminado durante años. No es un curso rápido ni una sintonización puntual. Es una responsabilidad profunda que solo tiene sentido cuando el Camino ya ha sido vivido e integrado. Este no es un camino de prisas ni de misticismos vacíos. Reiki no necesita ser idealizado. Se muestra tal como es, con sus luces y sus sombras. Y precisamente por eso transforma. A día de hoy, no me considero “maestro de Reiki” en un sentido grandilocuente. Me considero un practicante que sigue caminando. Si algo he aprendido es que el verdadero aprendizaje no está en enseñar Reiki, sino en vivirlo. Si en algún momento decides recorrer este Camino, y sientes que mi forma de entenderlo resuena contigo, será un honor acompañarte. ________________________________________ A.Luis Asencio Maestro de Reiki Usui Tibetano, Usui Tradicional Japonés-Komyo Reiki-do, Karuna Reiki y Sekhem Seichim Reiki (Reiki Egipcio). Terapeuta profesional de Reiki. Este texto nace de la práctica personal, la experiencia continuada y la enseñanza del Reiki-Do a lo largo de los años. No responde a un discurso teórico, sino a un camino vivido.
Por Antonio Luis Asencio Dieguez 19 de noviembre de 2025
Dentro del mundo del Reiki hay una palabra que no siempre se menciona, pero que sostiene todo lo que hacemos: el “Do”. Aunque suele traducirse como camino o sendero, en realidad habla de algo más profundo. No es solo un trayecto, sino una manera de vivir, de pensar y de relacionarnos con la energía y con nosotros mismos. Hablar del Do es recordar que Reiki no nació como una técnica para “hacer”, sino como una senda para ser. El Do: más que una idea, una vivencia En varias disciplinas japonesas —como el Aikido, el Kendo o el Chado— el Do representa un proceso constante de refinamiento interno. No es buscar la perfección como un trofeo, sino cultivarla día a día. En Reiki pasa igual: el Do es una invitación a un estilo de vida basado en la paciencia, la humildad y la presencia. Quien entiende el Do deja de obsesionarse con resultados rápidos. Empieza a mirarse, a escucharse y a reconocerse dentro de un movimiento más grande. Con el tiempo, Reiki deja de sentirse como un conjunto de técnicas y se vuelve un espejo que muestra lo que somos. Caminar el Do es aprender a soltar la urgencia del “hacer” Hoy todo se mide en prisa, certificados o productividad. El Do nos recuerda otro ritmo: el del tiempo profundo. Ese tiempo donde las experiencias se sedimentan, donde la comprensión madura y donde el corazón entiende antes que la mente. Muchos llegan al Reiki queriendo aprender símbolos o posiciones. Pero quienes se quedan descubren que el verdadero trabajo sucede hacia dentro. La maestría no está en lo que se ve, sino en los cambios silenciosos de la vida diaria: -En cómo reaccionamos ante un conflicto. -En la forma en que escuchamos. -En la capacidad de acompañar sin controlar. -En la presencia que ponemos en cada gesto. Ahí es donde Reiki muestra su rostro más honesto: un camino que nos devuelve a nosotros mismos. El Do como práctica viva Hablar del Do en Reiki también implica hacernos responsables de nuestro crecimiento. No se trata de idealizar la energía ni de depender de ella, sino de integrarla en la vida cotidiana. El Do nos invita a: -Caminar con conciencia, incluso en el caos. -Aceptar nuestra imperfección y la de los demás. -Ver la energía como algo natural, no como algo lejano o misterioso. -Sostener una ética personal basada en la coherencia y la compasión. Desde esta mirada, Reiki deja de ser algo que hacemos de vez en cuando y se vuelve una manera de vivir con mayor intención y claridad. El “Do” nos pide encarnar, no repetir Hay personas que estudian Reiki para memorizar pasos o sumar diplomas. Pero el Do nos pide algo más profundo: encarnar la enseñanza. No repetir fórmulas, sino permitir que cada sesión, cada meditación y cada encuentro se conviertan en un recordatorio de quiénes somos. El Do es la parte de Reiki que no puede enseñarse con palabras, solo transmitirse con la experiencia. Es la madurez que surge de los silencios, de los tropiezos y de las veces en que volvemos a centrarnos después de habernos perdido. Reiki como camino de regreso En el fondo, el Do es un regreso: volver al cuerpo, a la respiración, al presente, a esa calma que siempre ha estado ahí aunque a veces la olvidemos. Es reencontrarnos desde un lugar más simple, más humano y menos condicionado por lo que pasa afuera. Cuando entendemos el Do, dejamos de ver Reiki como una herramienta y lo reconocemos como un compañero. Una presencia que nos recuerda que la transformación empieza adentro y que cada paso —por pequeño que sea— nos acerca a una vida más consciente. En conclusión El significado real del Do en Reiki no está escrito en ningún manual. Se encuentra en la manera en que vivimos, sentimos y compartimos la energía. En la presencia con la que actuamos, en la humildad con la que aprendemos y en la coherencia con la que seguimos avanzando. Reiki es técnica, sí, pero sobre todo es Camino. Un camino que se recorre con los pies bien puestos en la tierra, el corazón dispuesto y la conciencia despierta. El Reiki-Do, la Vía Reiki.
Por Antonio Luis Asencio Dieguez 19 de noviembre de 2025
Cuando comencé a formarme en Reiki, las grandes federaciones aún no existían y muy pocas personas sabían realmente de qué se trataba. Era un sendero que apenas comenzaba a abrirse paso, lleno de curiosidad, respeto y una sensación profunda de transformación interior. En esos primeros años, mi búsqueda fue constante y honesta: quería comprender el sentido real del Reiki, más allá de la técnica y los símbolos. Con el paso del tiempo, mi formación fue creciendo hasta completar siete maestrías. No por acumular títulos, sino por seguir evolucionando. Cada maestro, cada escuela y cada experiencia me aportaron algo distinto: una mirada nueva, un matiz, una comprensión más profunda. Así fui construyendo un método de trabajo más humano, más consciente y fiel a los principios originales. Para mí, Reiki siempre ha sido un camino de vida, no un diploma colgado en la pared. A lo largo de estos años también he visto cómo el mundo del Reiki ha cambiado. En muchos espacios, el enfoque se ha ido desviando hacia lo comercial, hacia formaciones rápidas y superficiales que dejan de lado lo esencial: el desarrollo personal y la conexión verdadera con la energía. Por eso, hoy valoro enormemente el trabajo de la Federación Europea de Reiki Profesional, un espacio coherente, seguro y honesto. Un lugar donde se cuida la calidad, la ética y el respeto hacia esta práctica, lejos del sensacionalismo y la falta de rigor que tanto la han afectado. Comparto totalmente lo que dice Víctor Fernández, presidente de la Federación: profesionalizar Reiki no es burocratizarlo, sino dignificarlo. Significa que tanto quien enseña como quien practica lo hagan con conocimiento, humildad y compromiso. Que mantengamos vivo el espíritu del crecimiento personal, la investigación y la evolución interior. Que no caigamos en repetir fórmulas vacías, sino que vivamos el verdadero sentido del “Camino” —el Do— que Reiki nos invita a recorrer. Hoy, más que nunca, creo en un Reiki que sana, que libera y que despierta. Un Reiki real, sin adornos, con los pies bien puestos en la tierra y el corazón abierto. Un Reiki que transforma, que nos enseña a mirarnos con compasión y a mirar al otro con empatía. Ese es el Reiki que comparto en mis cursos y formaciones: un camino para reconectar con uno mismo y con la energía universal, desde la autenticidad y la práctica consciente. Un Reiki profesional, humano y transformador.
Por Antonio Luis Asencio Dieguez 12 de febrero de 2025
Elegir el curso adecuado para tu formación en reiki es una decisión crucial que puede influir significativamente en tu desarrollo personal y profesional si deseas dedicarte a ello. Este artículo quiero dar los puntos básicos sobre los aspectos fundamentales a tener en cuenta para asegurar que tu elección sea la más acertada y beneficiosa. Lo más económico no siempre es lo mejor: Uno de los errores más comunes al seleccionar un curso sea de reiki o cualquier otro tipo, es dejarse llevar únicamente por el precio. Aunque es natural querer ahorrar dinero, optar por la opción más económica no siempre garantiza la mejor calidad de formación. Es esencial evaluar el contenido del curso, las credenciales del maestro y los recursos disponibles antes de tomar una decisión basada únicamente en el costo. Una inversión mayor en un curso de alta calidad puede resultar más beneficiosa a largo plazo. Por desgracia hay muchos lugares donde optan por una bajada de precio para llenar cursos de dudosa calidad. Llevo más de 20 años en reiki y he visto docenas de alumnos que venían rebotados de formaciones donde salieron prácticamente como entraron, y tuvieron que repetir el curso por haber elegido mal. La duración de la formación es importante, siempre que no se rellene de temas innecesarios: Otro factor crucial es la duración del curso. Un curso demasiado corto puede no proporcionar suficiente tiempo para aprender y asimilar los conocimientos, mientras que uno demasiado largo puede incluir temas innecesarios que no aportan valor real. Es fundamental encontrar un equilibrio, optando por formaciones que ofrezcan una educación completa y concisa, centrada en los aspectos más relevantes y prácticos de la materia. Por otro lado saber que busco. En mi caso, que ofrezco la formación en reiki con base de reiki japonés tradicional, incluyo los aspectos prácticos más relevantes del occidental, pero hay dos formaciones distintas; al realizar la formación por niveles, su contenido está orientado básicamente al desarrollo personal y espiritual y su uso en el ámbito personal y familiar. Formarse como terapeuta si te quieres dedicar a reiki, no lo harás en un taller de un día o fin de semana. Se trata de un trabajo más profundo que requiere depuración personal, y prácticas y técnicas terapéuticas que no se aprenden en 2 días. Dar con el maestro adecuado: La calidad del maestro es uno de los aspectos más determinantes en la efectividad de la formación. Un buen maestro debe no solo tener un conocimiento profundo del tema, sino también la habilidad de transmitirlo de manera clara y motivadora. Investiga sobre la experiencia y las metodologías de enseñanza del maestro antes de inscribirte en un curso. Las opiniones y recomendaciones de exalumnos pueden ser de gran ayuda en esta etapa. El respaldo de una federación o entidad que garantice la formación: Contar con el respaldo de una federación o entidad reconocida puede añadir un nivel de garantía y credibilidad a la formación que estás considerando. Por ejemplo, la Federación Europea de Reiki Profesional es una entidad que garantiza estándares de calidad en la enseñanza del Reiki. Este tipo de respaldo asegura que el curso ha sido evaluado y cumple con ciertos criterios de excelencia, lo que puede ser un indicador fiable de su calidad. Además en este caso se trata de un programa que se actualiza y pone al día constantemente, gracias a la labor de todos los que componen la federación.  Que el maestro sea experimentado y con la formación adecuada: Finalmente, es crucial que el maestro no solo tenga experiencia en la materia, sino también en la enseñanza de esta. Un maestro de reiki con años de experiencia práctica puede proporcionar una educación más rica y efectiva. Asegúrate de que el curso que elijas esté dirigido por profesionales con un historial comprobado. En resumen, elegir el curso adecuado para tu formación requiere una evaluación cuidadosa de varios factores. Tomarse el tiempo para investigar y considerar aspectos como el costo, la duración, la calidad del maestro y el respaldo de entidades reconocidas puede marcar una gran diferencia en tu formación y en los resultados que obtendrás.
Por A. Luis Asencio 26 de octubre de 2021
Se inicia una nueva andadura, o más bien un paso adelante... La evolución de un trabajo continuo.
Por A. Luis Asencio 7 de mayo de 2020
Estaba amaneciendo… Descalzo, sentado en la arena, frente al mar, divisaba el horizonte; mis manos hundidas en la arena, sentían aún la calidez de la tierra; mi mirada se dirigía al este donde los primeros rayos del sol naciente comenzaban a despuntar. Con cada respiración, el olor a mar y la húmeda brisa llenaban mis pulmones mientras el suave sonido de las olas parecía mecerme con la ternura de una madre. Mis ojos se perdían en el intenso azul del mar, coronado por los brillantes colores del amanecer. Suaves dorados, tonos rojizos, azules que iban cambiando su intensidad… Un murmullo procedente del agua, llamó mi atención. Eran cantos… Una canción triste, profunda; una canción que me elevaba y llenaba de luz y energía cada átomo de mi cuerpo. Eran cantos… cantos de ballena, cantos de delfines… Despierta, abre los ojos, me decían… Abrí los ojos; el silencio llenaba mi habitación. A mi derecha el reloj marcaba las 7:50 de la mañana. Dos vueltas en la cama para buscar posición, pero ya no podía seguir durmiendo. En dos minutos el suave golpeteo del agua bajo la ducha terminó de traerme al nuevo día. Hoy no trabajaba, así que me senté en el salón con una taza de té caliente y el mando de la televisión. Los informativos de la mañana llenaban la programación. Noticias sobre inundaciones, terremotos. Informes económicos más incompletos que incomprensibles y demagogia barata sobre la crisis y su recuperación. En otro canal, juicio por asesinato; el último caso de malos tratos y violencia, pederastia… Nuevo cambio de canal; en esta ocasión los consabidos cotilleos superficiales que nos alejan de nuestra vida para meternos en cuentos ajenos que en realidad no nos interesan. Apagué el televisor, cogí la chaqueta y me dirigí a la calle. La mañana era fresca, aunque el olor a humo de los coches y el ruido de sus motores asaltaban mis sentidos. En la calle, decenas de personas se dirigían como autómatas a sus destinos matutinos. Rostros aun somnolientos, inexpresivos, que como máquinas se dirigían a sus trabajos y quehaceres. Ninguna sonrisa, ninguna emoción. Paré delante del quiosco de prensa. Los titulares de los periódicos no eran mejor que la televisión; titulares sensacionalistas para captar la atención y desastres; al otro lado revistas del corazón, actividades sobre motor, caza, deportes… Evasión y más evasión para lo que no se quiere ver… Me duele pensar que vivimos dormidos. Trabajamos, dormimos, consumimos. Nos llenan la cabeza de estímulos que nos manipulan, y me pregunto ¿con qué fin? La gente parlotea pero no se comunica; destrozamos nuestro entorno y esperamos que sean otros los que busquen solución. Esos otros que nos idiotizan a través de los medios. Nuestras emociones se trastornan; no expresamos, no hablamos, no amamos. Nos movemos interesadamente y por la imagen. Buscamos lo que no tenemos, pero dejamos de lado lo que importa. Eso que sólo encontraremos mirando a nuestro interior, abriendo nuestro corazón, sintiendo cada momento y centrando nuestra atención. Necesito escapar… Crucé la calle y me adentré en el parque que hay junto a mi casa. Busqué un refugio, entre los árboles, cerca de un pequeño estanque, donde desapareciera el ruido y dónde los rayos del nuevo sol, me envolvieran con su cálida luz. Ahora sentado sobre la hierba y en este pequeño refugio de paz, vuelvo a encontrarme. Siento como la energía de Gaia ahora sin el asfalto por medio, va cargando mi cuerpo, y despierto… Ahora, veo y sé que no soy el único despierto. Cada vez somos más los que queremos poner luz a nuestras vidas y despertar. Oír el canto de ballenas y disfrutar. Ser conscientes y frenar a aquellos que no ven; abrirles los ojos. Ahora veo el mensaje de mi sueño… Despierta, abre los ojos…
Por A. Luis Asencio 7 de mayo de 2020
Cuantas veces perdemos oportunidades por no estar donde nos encontramos… Acompañamos a nuestros familiares y estamos pendientes del teléfono; compartimos tiempo con la pareja y pensamos en el trabajo. Llenamos la mente de añoranzas del pasado y de lo que fue, o la ocupamos de anhelos y proyectos que están por llegar. Poco a poco perdemos nuestra vida viviendo en el pasado o en el futuro y muy lejos del aquí y ahora. Es importante centrarse en el momento, disfrutar de la compañía, las pequeñas y grandes cosas; quizá mañana no podamos hacerlo y nos arrepintamos del tiempo desaprovechado. Por qué tantas y tantas veces dejamos de decir cosas que sentimos y necesitamos expresar por miedos del pasado, o esperanza de encontrar un momento mejor. O en otras ocasiones, no disfrutamos de la compañía de los nuestros, apreciando el momento, las risas, la compañía, el olor y los colores, porque estamos en los quehaceres del día siguiente… No disfrutamos, ni aprovechamos porque no vivimos aquí, ni sentimos el ahora… Debemos comenzar a disfrutar de hoy, cerrar capítulos del pasado y dejar el futuro para mañana. Ser conscientes del momento, de lo que estamos viviendo. Decir un te quiero cuando nazca del corazón, y pedir un abrazo o dar un beso cuando lo sintamos. Compartir risas y momentos disfrutando de los mismos y aprendiendo de todo; lo bueno y lo malo. Que no nos detenga un rencor del pasado o nos quite la oportunidad un “lo dejo para mañana”. Seamos conscientes y vivamos aquí y ahora. Disfrutemos de lo que tenemos y de la compañía de los que queremos… A toda mi familia y a mis amigos, la gente próxima y la más distante; a aquellos que no lean estas líneas pero que están en mi corazón, a vosotros que me estáis leyendo, gracias por todo, os quiero.
Por A. Luis Asencio 7 de mayo de 2020
Esta mañana al coger el metro, observaba a mi alrededor sin poder concentrarme en la lectura que me acompaña a esa hora… Miraba los rostros de todos los que como yo viajaban a sus destinos matutinos. Eran dispares, de distintas edades, sexos, razas, pero todos tenían el mismo fondo; todos a pesar de sus gestos compartían el que una vez fueron niños y jugaron y disfrutaron con la inocencia de la niñez; todos de una forma u otra han amado, reído, llorado, quizá mentido u odiado en algún momento… Son personas, con sentimientos, vida y una historia, como yo o cualquier otra persona cercana a mi… Pero allí en el metro, a esas horas, con los ojos todavía hinchados por el sueño, son una multitud, sin identidad; juzgados por su simple apariencia, en la que no incluimos lo que a todos nos une. Vemos el grupo y no al individuo. Juzgamos por el exterior y no por lo que haya detrás… Esta mañana al coger el metro, por un momento me paré, y dejé el bosque a un lado para ver los árboles, uno a uno, distintos pero iguales… Todos tenemos una vida que contar y todos hemos sido inocentes; ¿quién tiene derecho a juzgar…? Yo no estoy dispuesto…
Por A. Luis Asencio 7 de mayo de 2020
A lo largo de nuestra vida pasa todo un escaparate de gente y amistades que dejan según su medida, mayor o menor huella. Hablo de los amigos… En unos casos simples conocidos que aparecen en una etapa de nuestra vida, y tal cual aparecen casi sin darnos cuenta desaparecen de la misma. En ocasiones podemos pensar que simplemente cumplieron su función en una etapa determinada, pero en otras y a pesar de los años, anhelamos aquellas conversaciones o aquella compañía que sin saber cómo acallaba nuestros temores, o sacaba lo mejor de nuestro interior. Sin saber cómo ni cuándo los dejamos escapar…Está claro que no sería posible mantener a todas esas personas que han significado algo en algún momento de nuestra existencia pero si a muchas de ellas que por pereza, descuido u otras excusas hemos ido apartando hasta perderlos en el tiempo. Cuanta gente nos ha importado y hemos dejado de lado. Incluso a veces gente que ha intentado por su parte mantener ese trato y ese contacto, a través de alguna llamada de aniversario o una nota ocasional; pero las obligaciones que en muchas ocasiones nos imponemos, la falta de tiempo que sólo nosotros nos creamos o la propia desidia nos hacen apartarnos cada vez mas, hasta que la relación desaparece en el olvido. Huelga enumerar las disculpas que utilizamos con afán autoindulgente; que si la familia me consume el tiempo, que si el trabajo me agobia, que si… Nada… Nosotros creamos la realidad en la que vivimos y distribuimos el tiempo según decidimos… Ahora propongo que meditemos un minuto; que pensemos en todas esas personas, no sólo con lazos de sangre, que a veces también sucede, sino aquellos amigos y amigas que en un momento dado fueron confidentes, y fueron especiales, que hemos ido apartando; que nos cuesta una llamada, o un recordatorio. El buscar un hueco en nuestra vida y mantenerlos con la madurez de una amistad que los años mismos afianzarán, y sin caer en la añoranza de la relación perdida. Sólo cogiendo papel y lápiz y repasando los últimos cinco años, seguro que surgen unos cuantos nombres. Paremos un momento para buscar en la agenda ese número y llamar… Dejemos de perder gente que nos importa. Busquemos una cita, un café, una salida. No alterará nuestras ordenadas vidas y si nos llenará de más amistad y amor. Dejemos de sentirnos solos, porque cuando ha sido así nosotros lo hemos buscado. Yo ahora os dejo, tengo que llamar por teléfono…
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