¿Qué es el Método SPRA? Una forma de aprender radiestesia construida desde la práctica

¿Qué es el Método SPRA? Una forma de aprender radiestesia construida desde la práctica
Cuando una persona se acerca por primera vez a la radiestesia, casi siempre lo hace de la misma manera: a través de un péndulo.
Aprende cuál es su movimiento para el sí y para el no, empieza a hacer preguntas y, en poco tiempo, descubre que detrás de una herramienta aparentemente sencilla hay muchas más posibilidades de las que imaginaba.
Y entonces empiezan también las dudas.
¿Por qué unas veces la respuesta parece tan clara y otras no? ¿Estoy preguntando correctamente? ¿Puedo estar condicionando el movimiento? ¿Qué diferencia existe entre trabajar con un péndulo, unas varillas o un biotensor? ¿Y qué ocurre cuando queremos incorporar la radiestesia dentro de Reiki, terapia floral, un trabajo energético o el análisis de un espacio?
Muchas de esas preguntas están en el origen del Método SPRA – Sistema Profesional de Radiestesia Aplicada.
Pero para explicar qué es SPRA prefiero empezar por otro sitio: por cómo surgió.
No nació como un método
Llevo más de 25 años utilizando el péndulo y diferentes instrumentos radiestésicos.
Durante mucho tiempo la radiestesia fue para mí una herramienta que aparecía integrada dentro de otras disciplinas. La he utilizado junto al Reiki, la terapia floral y diferentes técnicas energéticas; posteriormente fui profundizando en el trabajo con espacios, varillas, biotensor, geobiología y herramientas mucho más específicas.
No existía todavía SPRA.
Existían conocimientos, técnicas, cursos, instrumentos y, sobre todo, muchos años de práctica.
En 2016 estructuré mi primera formación específica de radiestesia.
A partir de aquella primera formación fueron apareciendo otros contenidos. Algunas herramientas requerían sus propios cursos y otras iban ampliando las posibilidades de lo que ya enseñaba.
Y entonces empecé a encontrarme con una situación que se repetía constantemente.
Si impartía una formación de una herramienta determinada, antes de entrar realmente en ella tenía que volver a explicar cómo calibrar, cómo formular preguntas, cómo establecer un sistema de respuesta, cómo trabajar la neutralidad, cómo utilizar escalas y biómetros o cómo comprobar aquello que estábamos obteniendo.
Con la siguiente herramienta ocurría exactamente lo mismo.
Y con la siguiente, otra vez.
Llegó un momento en que me pareció evidente que el problema no estaba en cada una de aquellas formaciones, sino en cómo estaba organizado el aprendizaje.
Si existe una base que prácticamente todas las herramientas radiestésicas comparten, tiene mucho más sentido enseñarla bien desde el principio, practicarla y construir después sobre ella.
Probablemente esa sea la verdadera raíz de SPRA.
De cursos independientes a un recorrido
La idea inicial era bastante sencilla.
En lugar de comenzar de nuevo cada vez que aparecía una nueva herramienta, el alumno podría adquirir primero unos fundamentos comunes.
Cuando posteriormente llegara, por ejemplo, al Péndulo Hebreo, ya sabría trabajar con neutralidad, calibrar una herramienta, formular correctamente una pregunta, utilizar sistemas de medición y observar una respuesta radiestésica.
Eso significa que las horas de formación de Péndulo Hebreo pueden dedicarse realmente al Péndulo Hebreo: a conocer el instrumento, las etiquetas, sus procedimientos y los diferentes protocolos de trabajo.
Y exactamente lo mismo sucede cuando llegamos más adelante al Péndulo Universal.
No tenemos que volver continuamente al punto de partida. Podemos dedicar el tiempo a aquello que hace específica esa herramienta: su estructura, el trabajo con frecuencias, color, emisión y los diferentes procedimientos que se desarrollan con ella.
Poco a poco aquello dejó de ser una suma de cursos independientes.
Se convirtió en un proceso progresivo.
Cada etapa empezó a tener sentido en función de lo aprendido anteriormente.
Pero había otra cuestión: el tiempo
Con la experiencia docente también fui comprobando algo que me parece igual de importante.
Aprender no consiste en recibir mucha información en muy poco tiempo.
En este tipo de formaciones es relativamente fácil terminar un fin de semana con un manual lleno de contenido, varias técnicas nuevas, protocolos, esquemas y una sensación inicial de haber aprendido muchísimo.
El problema aparece después.
Cuando uno está solo en casa y empieza a practicar surgen las verdaderas preguntas.
Aquello que en clase parecía evidente ya no lo es tanto.
Una respuesta que antes era clara empieza a generar dudas. Aparece una situación que no estaba exactamente en el ejemplo. Descubrimos que estamos demasiado implicados en aquello que preguntamos o sencillamente nos damos cuenta de que necesitamos repetir muchas veces un procedimiento antes de sentirnos cómodos con él.
Por eso el Método SPRA está planteado dejando aproximadamente seis semanas entre un nivel y el siguiente.
Ese espacio no es un intervalo vacío entre dos cursos.
Forma parte de la formación.
Quiero que durante ese tiempo el alumno practique.
Que se equivoque.
Que descubra dónde tiene dudas.
Que vuelva al material.
Que repita ejercicios.
Que empiece a reconocer cómo trabaja cuando está concentrado y qué ocurre cuando está cansado, disperso o demasiado interesado en obtener una determinada respuesta.
Y que cuando llegue al siguiente nivel no tenga únicamente el recuerdo de haber asistido al anterior, sino una base que empieza a estar realmente integrada.
Para mí, el proceso debería ser siempre:
aprender, practicar, integrar, revisar y después avanzar.
No veo demasiado sentido en introducir una nueva herramienta cuando todavía estamos intentando comprender los fundamentos de la anterior.
El péndulo no debe pensar por nosotros
Esta es probablemente una de las ideas sobre las que más insisto cuando enseño radiestesia.
Es muy fácil acostumbrarse a decir:
“Le he preguntado al péndulo”.
O:
“El péndulo me ha dicho que…”
Pero una herramienta no debería sustituir nuestro criterio.
Con el tiempo fui dando cada vez más importancia a que el alumno no aprendiera simplemente protocolos, sino que comprendiera qué está haciendo cuando los utiliza.
¿Qué quiero explorar exactamente?
¿Por qué estoy utilizando esta herramienta y no otra?
¿Está bien formulada mi pregunta?
¿Puedo contrastar el resultado de alguna manera?
¿Estoy esperando que aparezca una respuesta determinada?
¿Hasta dónde puedo interpretar realmente lo que estoy obteniendo?
Para mí, ahí empieza una radiestesia mucho más interesante.
No se trata únicamente de conseguir que el instrumento responda.
Se trata de empezar a comprender cómo estamos trabajando con él.
Por eso una de las frases que mejor podría resumir mi manera de enseñar sería:
El péndulo no debe pensar por nosotros.
Aprender a preguntar
Hay algo que suele sorprender cuando empezamos a trabajar con más profundidad: muchas veces el problema no está en la respuesta.
Está en la pregunta.
Preguntar bien requiere bastante más precisión de la que inicialmente creemos.
Hay que aprender a separar cuestiones, evitar conceptos ambiguos, establecer previamente qué estamos intentando medir y distinguir entre varias variables que, si se mezclan, pueden producir resultados difíciles de interpretar.
Con el tiempo, el alumno deja de preocuparse únicamente por conseguir una respuesta y empieza a prestar mucha más atención a cómo está formulando aquello que quiere conocer.
Y ese aprendizaje tiene algo interesante: obliga a ordenar el pensamiento.
Antes de pedir una respuesta tenemos que saber realmente qué queremos preguntar.
Atención, intuición y neutralidad
Trabajar con radiestesia también exige concentración.
No es lo mismo realizar una medición estando presente y centrado que hacerlo mientras la mente está en otras tres cosas.
La práctica ayuda a entrenar el enfoque, a observar con mayor atención y a reconocer cuándo una respuesta es suficientemente clara y cuándo conviene detenerse y repetirla en otro momento.
También aparece inevitablemente la intuición.
No creo que haya que eliminarla de la práctica. Forma parte de nuestra percepción.
Lo importante es aprender a no confundir automáticamente una impresión intuitiva con una certeza.
Ahí entra uno de los conceptos centrales del método: la neutralidad.
Neutralidad no significa dejar de tener emociones ni convertirse en un observador completamente ajeno a lo que ocurre.
Significa aprender a detectar cuándo queremos demasiado una respuesta determinada.
Cuándo nuestra expectativa puede estar interfiriendo.
Cuándo estamos intentando confirmar algo que ya habíamos decidido previamente.
Y cuándo sería mucho más sensato parar.
Todo esto convierte la práctica también en una forma interesante de observación personal.
A veces terminamos aprendiendo tanto sobre nuestra manera de reaccionar como sobre el propio instrumento que tenemos entre las manos.
Nunca he entendido la radiestesia como una técnica aislada
Quizá porque mi propia experiencia nunca lo ha sido.
Durante años la he utilizado como complemento dentro de otras disciplinas.
En Reiki y diferentes técnicas energéticas, puede convertirse en una herramienta adicional de exploración o de comparación dentro del procedimiento que ya utiliza el practicante.
En terapia floral, puede incorporarse como un recurso complementario a la hora de contrastar determinadas opciones, sin sustituir la entrevista, la observación ni el conocimiento de las propias esencias.
En el trabajo con chakras, campo energético, minerales, cristales, color o frecuencias, los instrumentos radiestésicos pueden aportar otra forma de organizar y comparar información dentro del sistema utilizado.
Y más adelante aparece un campo completamente diferente: el trabajo con los espacios.
Aquí entramos en la utilización de varillas, biotensor y otros recursos, y comenzamos a acercarnos también a la geobiología.
La radiestesia puede utilizarse dentro de esos modelos para explorar el terreno, comparar diferentes zonas y estudiar determinadas respuestas ambientales.
Puede ser igualmente un complemento interesante en trabajos relacionados con Feng Shui y armonización de espacios, siempre entendiendo algo que para mí es fundamental:
La radiestesia no sustituye el conocimiento de la disciplina con la que estamos trabajando.
Si utilizo terapia floral, tengo que conocer terapia floral.
Si utilizo Reiki, tengo que conocer Reiki.
Y un péndulo tampoco sustituye el estudio y los principios propios del Feng Shui.
Su valor está precisamente en poder convertirse en una herramienta complementaria dentro de un conocimiento que ya tenemos.
De la persona al espacio
El trabajo con espacios fue también ampliando mi propia forma de entender la radiestesia.
Con varillas o biotensor podemos introducir otro tipo de exploración y observar cómo responde el instrumento sobre el terreno.
Dentro de los modelos tradicionales utilizados en radiestesia y geobiología se estudian redes, alteraciones del terreno y diferentes factores ambientales, incluyendo conceptos relacionados con variaciones geomagnéticas.
Pero una vez más, lo que me interesa enseñar no es que el alumno memorice que algo “tiene que estar” en determinado lugar.
Prefiero que aprenda a salir al terreno.
A detectar.
A repetir.
A comparar.
A registrar.
Y a comprobar qué ocurre cuando modifica las condiciones de trabajo.
Esto permite entender que la radiestesia puede tener múltiples aplicaciones, pero que detrás de todas ellas debería existir siempre una metodología.
Diferentes herramientas para diferentes trabajos
Otra de las evoluciones naturales de SPRA fue dejar de identificar radiestesia exclusivamente con el péndulo.
El péndulo sigue siendo una herramienta extraordinaria y posiblemente la más versátil.
Pero no es la única.
Durante el recorrido aparecen progresivamente biómetros, varillas, biotensor, Péndulo Hebreo y Péndulo Universal, además de diferentes sistemas de medición y exploración.
Lo interesante no es acumular instrumentos.
Es entender cuál puede resultar más apropiado en cada situación.
No todo tiene por qué resolverse con la misma herramienta.
Cómo está organizado actualmente SPRA
Todo este proceso terminó estructurándose en los cuatro niveles actuales del Máster Profesional de Radiestesia Aplicada – Método SPRA, con un total de 48 horas presenciales.
El primer nivel establece los fundamentos de Radiestesia y Péndulo durante 8 horas.
El segundo amplía durante otras 8 horas el trabajo hacia diferentes herramientas, varillas, biotensor, espacios y geobiología.
El tercer nivel dedica 16 horas al trabajo específico con Péndulo Hebreo.
Y el cuarto desarrolla durante otras 16 horas el Péndulo Universal y sus posibilidades avanzadas.
Entre ellos mantenemos ese periodo aproximado de seis semanas para practicar e integrar.
Pero el recorrido completo no es obligatorio desde el principio.
El Nivel 1 puede realizarse de forma independiente.
De hecho, me parece una buena manera de acercarse al método.
Una persona que nunca haya trabajado con radiestesia puede empezar desde cero, conocer sus fundamentos y decidir después si quiere continuar.
Y alguien que lleve años utilizando un péndulo de forma autodidacta puede utilizar también este primer nivel para revisar hábitos, reorganizar conocimientos y establecer una metodología más clara.
También es importante conocer los límites
Una parte del criterio profesional consiste en entender no solo lo que utilizamos, sino también hasta dónde podemos llevarlo.
Dentro de SPRA la radiestesia se trabaja como una práctica complementaria de exploración dentro de su propio marco radiestésico y energético.
No es un procedimiento de diagnóstico médico ni psicológico y no sustituye la intervención de los profesionales sanitarios cuando esta sea necesaria.
Creo que una formación seria también tiene que enseñar a reconocer esos límites.
Porque tener más herramientas no significa que podamos utilizarlas para cualquier cosa.
Un método que sigue cambiando
SPRA no apareció un día completamente terminado.
Es el resultado de muchos años utilizando diferentes herramientas y de una experiencia docente que comenzó a estructurarse específicamente en 2016.
Desde entonces he modificado contenidos, reorganizado procedimientos, eliminado cosas y reforzado otras.
Y seguramente seguirá ocurriendo.
Enseñar obliga constantemente a revisar la propia práctica.
Las dudas de los alumnos, los errores que se repiten, aquello que cuesta más comprender o una forma nueva de explicar algo que resulta más eficaz terminan modificando también el método.
Por eso no entiendo SPRA como una estructura cerrada.
Lo entiendo como el resultado de intentar organizar de una forma más coherente aquello que durante muchos años yo mismo fui aprendiendo de manera mucho más dispersa.
Si tuviera que resumir toda su filosofía en unas pocas palabras probablemente sería esta:
primero construye una buena base; después aprende hasta dónde puedes llevarla.
Porque aprender radiestesia no consiste únicamente en conseguir que un péndulo se mueva.
Consiste en aprender a preguntar, observar, practicar, contrastar y trabajar cada vez con mayor atención, neutralidad y criterio.
Si quieres conocer el Método SPRA desde el principio
La próxima formación de Nivel 1 · Fundamentos de Radiestesia y Péndulo se realizará el 19 de septiembre de 2026, de 09:00 a 17:00 h, en Madrid.
Es una formación de 8 horas, puede realizarse de manera independiente y no requiere experiencia previa.
Puedes encontrar más información sobre la formación y el recorrido completo en La Vía Reiki.
A. Luis Asencio
La Vía Reiki · Método SPRA – Sistema Profesional de Radiestesia Aplicada











